LABERINTO

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Laberinto por Elisabeth Biondi

Alejandro Chaskielberg creció en Buenos Aires. Quizás porque vivía en un entorno urbano, la naturaleza, una vez descubierta, se convirtió en su inspiración. En 2014, viajó con su hija Lara de un año y medio a la remota Patagonia, donde descubrió el laberinto de El Hoyo. Estaba hipnotizado: el laberinto parecía transformar a todos los que deambulaban por él. Los niños se volvieron elfos, los adultos se volvieron niños. Todos parecían hechizados mientras se abrían paso por el laberinto.

Creado por Claudio Levi y Doris Romera, fue un símbolo de la recuperación de la naturaleza. Claudio era de Buenos Aires y se había establecido en El Hoyo, junto a El Bolsón, una comunidad contra-cultural que había atraído a personas de todo el mundo. Conoció y se enamoró de Doris, que había crecido cerca. Juntos plantaron el laberinto en una tierra devastada por los incendios causados ​​por la sequía en 1987. A lo largo de los años, varios incendios habían ardido salvajemente y se habían extendido instantáneamente a través de pinos invasores, que habían sido plantados por el gobierno nacional para un rápido crecimiento en la década de 1970.

Para Chaskielberg, el laberinto era un lugar atemporal. Decidió tomar fotografías nocturnas utilizando la técnica de iluminación que había creado para su anterior proyecto premiado del delta del río Paraná en el que trabajó de 2007 a 2010. La iluminación cinematográfica, en particular las escenas nocturnas de la película de 1988 de Peter Greenaway Drowning by Numbers, fue su inspiración. Las fotografías se realizaron con diferentes linternas, solo en luna llena, en exposiciones de unos 10 minutos. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que para capturar el poder de transformación del laberinto, tenía que ir mas allá de la fotografía documental y decidió crear sus propios escenarios cinematográficos.

 

Chaskielberg, un fotógrafo que también trabaja como director de fotografía, decidió utilizar su experiencia cinematográfica para capturar completamente la magia del laberinto. Inspirado por The Shining de Stanley Kubrick, que concluye en un laberinto de setos, asumió el papel de director. Creó escenarios: pintó árboles, usó antorchas, movió a la gente, hizo que fingieran dormir en el suelo y se tumbaran en lo alto de los setos. De hecho, creó una pieza mágica de land art que luego documentó.

Las fotografías de Chaskielberg visualizan los sentimientos que las personas experimentan mientras deambulan por el laberinto gigante. Creó cuadros e hizo visible la luz. Las imágenes son espectacularmente bellas y seductoras, mostrándonos la transformación - y la fragilidad - de la naturaleza.

Libro

Laberinto, 2017

Publicado por Ediciones India